SICO FONS

 

 

Nació en Tavernes de la Valldigna (Valencia).

Ha publicado L’udol de la sirena (Edicions La Xara, 2001), Històries de la Vall (Ediciones Bonet Sichar, 2003), La mort de la sirena (Edicions La Xara, 2003), Els crits de la follia (Edicions La Xara, 2004), Infants adormits (Edicions La Xara, 2005), la recopilación relatos Parelles imperfectes (El Taller del Poeta, 2006), Portes tancades (La Busca edicions, 2006), El desfici dels herois (La Busca edicions, 2008) i Un estiu a l’infern (La Busca edicions, 2010).

Algunos de sus trabajos han sido premiados en diferentes certámenes literarios como, el VII Certamen de Cuentos "al margen", el XI Concurs de Narrativa de Capdepera, Mallorca, el III Premi Literari de Constantí, Tarragona, la 2ª edición del Premi Nacional de Microrelats "El Basar", el XVI Concurs de Conte Curt Antoni Gomila-Bartomeu de Montuïri (Mallorca) o el XI Premi de Narrativa Curta "Tinet".

Es  traductor, con Irene Verdú, de la antología poética bilingüe Ara puc alenar de Adriana Serlik.

Ha publicado artículos en la cartelera Turia, el diario Levante, el Temps, Quinzedies, l’Avui, Micro o L’Avanç y colaborador habitual de La Veu de la Valldigna, El Punt, Gandia Express e Infosafor.

  

 

 

UN DÍA PRECIOSO DE PRIMAVERA

Es un día precioso de primavera y toda la ciudad de Braunau rezuma belleza y alegría. 

Los pájaros cantan, los árboles embellecen el mundo de verde y la gente parece llevar dibujada una maravillosa sonrisa de felicidad en la cara. Incluso los caballos de los carruajes parecen trotar hoy con un paso más ligero y jovial.

¡Oh, Dios mío, qué bonita es Austria en primavera!

Fijémonos, por ejemplo, en las altas cumbres del horizonte; algunas de ellas aún lucen manchas de nieve invernal.

¡Mirad –y admirad– el cielo azul, intenso, hermoso, milagroso... abrumador! ¿En qué otro lugar del universo encontraréis un cielo así?

Mirad ahora el sol... bien, no lo podemos mirar directamente. Ya sabéis qué puede ocurrir con nuestros delicados ojos, si lo hacemos. ¿Pero verdad que es un sol inverosímil, magnífico y casi divino?

Mirad ahora los transeúntes, que como ya hemos dicho antes, parecen el paradigma de la felicidad y la grandeza que sólo nos puede dar un país civilizado, próspero y culto.

¡Oh, Dios mío, qué bonita es Austria en primavera!

Por allá abajo va un hombre que, por su traje y su ademán elegante e impecable, debe llevar una vida cómoda, confortable y feliz. Saluda y sonríe a todo el mundo y, de vez en cuando, se acaricia el anillo que lleva en un dedo de la mano izquierda, como si esta acción sencilla y discreta le recordase el amor que siente por su esposa.

Observemos ahora una mujer que pasea por la acera del otro lado de la calle. Luce un vestido precioso de color rosa claro y un sombrero coronado graciosamente con una discreta y delicada alfombra de flores artificiales. Es tan joven y bella, esta mujer, que se siente –ufana– perseguida –osaríamos decir envuelta– constantemente por las ávidas miradas de todos los transeúntes masculinos.

¡Oh, Dios mío, que bonita es Austria en primavera!

¿Y, ahora qué vemos? Es otra mujer, un poco mayor que la anterior, pero que aún conserva unos admirables rasgos faciales bien bonitos.

Camina por la acera con una cierta fatiga; casi arrastra los pies pesados. Sujeta en una mano una bolsa que parece repleta de víveres y otras compras, y a pesar de ello, luce en las mejillas unos espléndidos colores rosados que parecen colmados de vida y jovialidad. Sus ojos son tan azules como el maravilloso cielo austríaco.

¡Pero un momento, fijémonos con más atención! ¡Oh sí, qué bonito! ¡Qué gozoso! ¡Qué delicioso! Esta mujer –glorioso sea el cielo– está embarazada. Esta buena mujer espera dar a luz un tierno hijito que pronto ocupará este maravilloso planeta, este bello país con sus jóvenes risas.

Pero detengámonos un momento y saludémosla. Una mujer en estado de gracia es un ser mágico que merece todos nuestros respetos.

Buenos días, señora. Hace un día de primavera muy bonito ¿No cree? Hemos observado que pronto tendrá familia. Permita –si nos perdona el atrevimiento– que la felicitemos por tan placentero acontecimiento. Nos llena el corazón de júbilo ver que nuestras mujeres siguen con su beneficiosa y necesaria labor de poblar nuestra patria –Dios guarde por muchos años al Emperador– de seres nuevos y vigorosos. ¿Cual ha dicho que es su nombre? Oh, sí, aún no me lo había dicho, perdone. A sus pies, señora. Permítame que le bese la mano, ha sido un placer saludarla. Buenos días tenga usted, Frau Hitler; buenos días y adiós. Ojalá el mundo pueda ver crecer feliz y satisfecho a su hijito. Hasta siempre.

¡Oh, Dios mío, que bonita es Austria en primavera!

Nota: el nombre de la ciudad y de la mujer embarazada se pueden intercambiar –según el libre albedrío del lector– por otros, como Mussolini, Franco, Stalin, Bush u otros que en un tiempo –aunque tampoco osaríamos jurarlo– probablemente fueron objeto de las esperanzas y la felicidad de sus progenitores.

 

Traducción del  autor